martes, 30 de junio de 2026

NI UN SOLO DÍA

Hoy cumplirías años. Ya no quiero saber ni cuantos... ¿qué más da? Estás en ese lugar donde no pasa el tiempo y seguramente serás joven por siempre jamás. Hace casi cuatro que te fuiste y sigo haciéndome preguntas que seguirán sin respuesta hasta el último de mis días, me temo. 

Todos tenemos luces y sombras. Frente a esos lados tuyos que no comprendo y los que comprendo pero no me gustan, he decidido quedarme con tus luces y tu mejor cara; con tu bondad, tu humor inteligente y tu inteligencia ingenua. Y con tu voz, que resuena en mis oídos cada día aunque dicen que el tiempo hace que se nos olviden las voces de los que ya no están. Pero sobre todo con tu risa que escucho cada vez que oigo la mía.

Nunca te voy a olvidar. Ni un solo día de mi vida.

                                                                                                        Tu chache


30 de junio de 2026











jueves, 23 de abril de 2026

MARAVILLAS DEL MUNDO

Se cree que el veintitrés de abril de 1616 coincidieron las muertes de Miguel de Cervantes y de William Shakespeare, nada más y nada menos, y por esta  razón se celebra desde hace años el Día del Libro. Además es San Jorge, Sant Jordi en Catalunya, día de la rosa y el libro, muy celebrado en esa tierra.

Agradezco a la vida haber tenido la suerte de crecer entre libros. No fui un buen estudiante pero sin embargo desde muy pequeño curioseaba todos los libros que me encontraba por casa, sin distinción por edad ni temática, así que además de lo que discretamente he leído a lo largo de mi vida  -marca que siempre se puede mejorar - tengo interiorizados autores, títulos e imágenes que de no haber tenido al alcance de mi mano a lo mejor ni siquiera conocería.

En estos días de reencontrarme conmigo mismo y con la casa donde nací, recuerdo, recupero y guardo como oro en paño joyas que me han hecho como soy. No puedo explicar la emoción que siento al toparme con libros que hacía años que no veía y que ni siquiera recordaba.

Uno de ellos entre los muchos de los que podría hablar pero que simboliza muy bien esos ratos muertos de un niño pasando páginas y viendo fotografías de países lejanos, lugares increíbles y  monumentos desconocidos actuales y de la antigüedad, es Las maravillas del mundo. Con él, seguramente en una tarde calurosa de verano sin móvil ni internet,  supe por primera vez que existía una estatua gigante de una mujer con una antorcha en una mano y una corona de pinchos en la cabeza a las que la gente accedía en ascensor y se asomaba por unas ventanas; un gran Buda japonés de setecientos años; el legendario y fantástico Coloso de Rodas con las piernas separadas para que los barcos pasasen entre ellas; una Torre Eiffel tan resplandeciente en una de las fotografías que a mí me parecía de oro; las cataratas Victoria y, por encima de todas esas fantasías, una imagen a dos páginas del Monte Rushmore, una montaña en Dakota del Sur con las gigantescas caras de cuatro de los presidentes de Estados Unidos esculpidas en ella que a mí me impresionaba tanto que me hacía volver a verla una y otra vez. Luego me enteré que muchos años después la comunidad india comenzó la talla del monumento al legendario jefe indio Caballo Loco muy cerca del Monte Rushmore para reivindicar la tan maltratada cultura indígena norteamericana y que aún hoy no se ha concluido.

Lugares que ni remotamente soñaba con que se podían conocer.

Es importante celebrar el Día del Libro pero sobre todo es importante que todos los niños y niñas sepan que hay muchas maneras de viajar y tengan acceso a  la cultura, la información, al arte, el conocimiento y  la belleza. Nos hacen mejores.





miércoles, 8 de abril de 2026

SOÑAR

Me he hecho mayor. No solo porque hace poco tiempo haya cumplido sesenta años, que se dice pronto. Además, y sobre todo, he perdido ese lugar privilegiado que significaba ser el niño de la familia. De golpe y porrazo ya no queda nadie que me llame así y cuesta acostumbrarse. Uno se iba escapando como podía del uniforme de adulto a pesar de ser marido y padre de tres mujeres de peso, en el más amplio sentido de la palabra. Y de tener una edad, claro.

Pero ya no hay escapatoria, así que intento cada día prepararme para la vida que queda. Seguro me deparará experiencias maravillosas pero, inevitablemente, la viviré como alguien nuevo, diferente.

Quizás ya lo traía de fábrica pero a pesar de ser el pequeño de la familia desde siempre me tocó el papel de sensato, maduro, de "niño bueno". ¡Un plasta, vamos! Algo que he arrastrado hasta ahora. Y contra ese niño continúo peleándome e intentando decirle adiós todos los días por supervivencia, por salud mental y hasta por consejo facultativo. Debo dejarle atrás y crecer, esa palabra que tanto aterraba a Peter Pan...y a mí.

La vida nos va llevando y ya no hay alternativa, tengo que dar la bienvenida al Carlos adulto y decir adiós a Carlitos, el crío que ya creció y aunque anda desorientado debe descubrir que de la misma forma que fue un niño mayor a lo mejor ahora puede ser un adulto joven. Solo hay que soñar.


"No dejes nunca de soñar. Solo quien sueña aprende a volar"

James Mattheuw Barrie






martes, 20 de enero de 2026

LA CHICA DE IPANEMA

Todos los que nos conocéis sabéis lo que ha significado mi madre. Junto a mi padre han formado una pareja poco común durante muchísimos años y hemos tenido mucha suerte de tenerlos. Nunca fueron unos padres al uso ni han sido unos abuelos al uso.

Ha sido una persona bondadosa y discreta que ha pasado por la vida de una manera elegante. Una vida nada fácil llena de complicaciones, empezando por la experiencia de conocer una guerra entre hermanos y en el caso de su familia no es solo una frase hecha. Una guerra en la que se quedó sin padre con cuatro años. Después un internado, trabajar desde muy jovencita para ayudar a su familia, tener que enfrentarse con veintitantos años a la discapacidad y enfermedades de una hija en una época nada fácil para ello, vencer a un cáncer, perder dos hijas... y para colmo, un maldito infarto cerebral que ha conseguido ganar la partida y se la ha llevado.

Afortunadamente, en el otro lado de la balanza, ha conocido el amor, ha querido y ha sido muy querida. Ha tenido muchos momentos de felicidad y ha llegado al final valorando lo bueno de la vida.

Solo puedo estar agradecido por haber podido tenerla como madre. He aprendido solo con mirarla que hay que enfrentar las cosas con valentía, sin alardes y ser lo mejor posible. 

Adiós mamá, la chica más guapa de la playa. Reparte besos a todos por allí arriba. Te queremos mucho.


                     20 de enero de 2026









sábado, 19 de julio de 2025

LOS NÚMEROS

No soy de números; ni me gustan ni los entiendo. Seguramente mi cabeza dispersa y soñadora no pasa por lo exacto y la perfección de las cifras. A pesar de ello, llevo meses dando vueltas a las coincidencias numéricas que me acompañan este año.

Elena y yo cumplimos sesenta años y no sé ni explicar lo que supone pensar en haber llegado a esta edad en la que uno esperaba ser alguien, desde luego, diferente a lo que soy. Ni mejor ni peor... ¿menos ingenuo, más sabio...?

Además del sesenta cumpleaños de Elena, en agosto terminaremos de pagar una eterna hipoteca de treinta años. Larga aunque lo suficientemente cómoda como para que no haya terminado ahogándonos en el camino. Si así no hubiera sido no habríamos hipotecado nuestra vida para poder tener un techo bajo el que vivir, ese gran engaño de nuestros días.

Poco después, en octubre, hará treinta años -otra vez treinta- que me casé con aquella chica de pelo rizado y gafas redondas que no se parecía a nadie más que a ella misma. En estos años ha habido de todo pero no se me ocurre una compañera de vida mejor a pesar de lo diferentes que somos o precisamente por ello. Y así seguimos.

Nos reuniremos los supervivientes de aquel evento y algunas nuevas incorporaciones. Brindaremos por los que ya no están y celebraremos la vida. 

Y por si fuera poco es el primer verano que pasamos sin ti, papá. No tengo que explicar lo que esto significa. Santa Pola, como la Venecia de Charles Aznavour, que callada quietud, que tristeza sin fin... no será igual. Y ahí voy, leyendo tus libros, viendo tus fotos, vistiendo tus camisas y usando tu maquinilla de afeitar.

                                         19 de julio de 2025




lunes, 21 de abril de 2025

FECHAS

 Aunque no soy nada aficionado a conmemorar fechas llevo un par de días dándole vueltas a la llegada del día veintiuno. Hoy hace cuatro meses que te fuiste aunque no nos hayas dejado y estés en cada momento y cada detalle de nuestra vida diaria. Tan grande es tu sombra, papá.

El año de la pandemia cumpliste noventa esplendidos años y aunque nos hubiera gustado hacer una celebración de tu vida no nos fue posible debido a que el maldito virus no nos permitió reunirnos. Así que optamos por pedir a la gente cercana, familiares y amigos que grabaran un vídeo en el que te enviaran un mensaje.

La respuesta fue espectacular y emocionante. Todo el mundo te expresó de una forma tan bonita, tan bonita, y con tal cariño lo que significabas para ellos que ahora cobra una dimensión aún mayor.

Como siempre fuiste agradecido y muy bien educado quisiste corresponder y, de la misma manera, te grabamos y enviamos las imágenes a cada una de esas personas.

Hace unos días, por casualidad, revisando el teléfono encontré ese vídeo. No es raro porque apareces sin buscarte por cualquier parte. Aunque me sobrecoge verte en movimiento y escuchar tu voz, creo que es una buena manera de agradecer en tu nombre todas las muestras de afecto y respeto que hemos recibido y seguimos recibiendo desde aquel veintiuno de diciembre ya que en él expresas lo importante que era para ti el recuerdo que dejarías en nosotros, los que nos hemos quedado.

Ahí estás papá, tan vivo como siempre. Un beso muy grande.



lunes, 10 de marzo de 2025

El doctor García

 Hola papa,

te escribo porque creo que es la mejor manera de contarte algunas cosas que siento desde tu partida. Tengo la sensación de tener una herida que supura lentamente, poco a poco, sin hacer costra. Una herida que me permite vivir pero que no deja de molestar y de hacer daño.

Este fin de semana mamá y yo nos hemos visto de una sentada la serie de televisión Los pacientes del doctor García. Está basada en una novela de Almudena Grandes con el mismo título y todavía no sé cómo se nos habían pasado hasta ahora. Libro y serie.  Y es que es todo tan tuyo, tan nuestro…

Te hubiera encantado a pesar de que en más de una ocasión te habríamos escuchado decir “a estos actores de ahora no se les entiende nada”. Desde el principio nos sentamos y casi no nos pudimos levantar hasta el final. Detrás de cada personaje hay una persona de la que nos has hablado, de cada situación un recuerdo y de cada conclusión la triste realidad. Parece que hubieses dictado algunas de las frases de los diálogos.

Aunque es una emocionante historia de espías también lo es de ideales y de derrotas, de amistad y de traición, de verdad y de mentiras… De malos y de buenos.

Los que te queremos no hemos dejado un momento de tenerte con nosotros pero viendo esta historia, mamá y yo nos hemos mirado sin necesidad de hablar porque no hemos podido evitar acordarnos de tu claridad mental, de tu bondad y tu honradez. De tu memoria y tu lucidez que nunca olvidaron una guerra y una posguerra infames. Tantas veces te he escuchado hablar y contarnos qué pasó después, como muchos españoles habían ayudado a derrotar a los nazis y como los aliados dejaron a su suerte a este país tan raro y tan necesitado de sensatez.

Llega la transición, en la que te vi claramente en el protagonista, y la historia termina con el regreso de la Argentina, treinta años después de haber “emigrado”, de su amigo del alma que, para colmo, se llama Manolo. Tú ya sabes, papá. No necesito contarte más.

Hay heridas que no cierran pero de vez en cuando un poquito de antibiótico ayuda a que la infección no se extienda. En esta ocasión, esa penicilina me la ha dado el doctor García. Creo que te habría gustado mucho conocerle.

Un abrazo muy fuerte, papá. Cuídate mucho.




miércoles, 8 de enero de 2025

El luto

Ha pasado poco tiempo y la casa está vacía. Un silencio ensordecedor nos recuerda a cada segundo lo que se le echa de menos.

En el hospital todo se detiene. No existen la prisa, la mañana ni la noche. Sólo la calma chicha de quien espera no se sabe qué. Ahora todo es más complicado. Ya conocemos la resolución al enigma y no nos gusta. Por contrario, los días pasan deprisa y nos parece mentira que el tiempo avance como si nada hubiera pasado y seamos capaces de seguir viviendo con su ausencia. Un mal sueño del que vamos a despertar en cualquier momento para ir a abrazarle y decirle lo agradecidos que estamos por haberle conocido y tenido cerca.

Pocos días después de la muerte de mi padre, mi madre nos dijo que quería comprar un jersey negro para vestirse de luto. No somos personas muy tradicionales en ese sentido y nunca lo ha hecho en situaciones parecidas anteriores, así que le hice saber mi extrañeza. Su contestación austera, rotunda y sencilla, como ella misma, me ha hecho pensar durante días. Me dijo literalmente: “papá era mucho papá” y no he encontrado una manera mejor de explicar lo que estamos sintiendo.




lunes, 9 de diciembre de 2024

La amabilidad

Reclamación puesta en atención al paciente del Hospital de La Princesa el 9 de diciembre de 2024.


Mi padre, con noventa y cuatro años y una fractura de cadera, tiene hoy en el Hospital de La Princesa de Madrid una radiografía a las 12'15 h. y una consulta con el traumatólogo a las 13 h. Además, aprovechando la visita al hospital, le van a transfundir sangre porque tiene anemia.


Cuando hace quince días le mandaron a casa para guardar el reposo necesario para soldar la cadera me dijeron que hoy, día de la revisión, una ambulancia nos llevaría al hospital. Por olvido o por despiste, algo absolutamente justificable, nadie me dijo que hubiese que solicitar dicha ambulancia.


No obstante y para que no hubiera problemas y ya que el viernes fue fiesta, ayer domingo intenté preguntar si esa ambulancia estaba solicitada. Después de numerosas llamadas a diferentes servicios hablé con la coordinadora de SUMA que me comunicó que no estaba solicitada y que debía llamar al propio hospital, cómo ya había hecho varias veces. Llamé de nuevo y me dijeron que al ser domingo llamase hoy a la ocho.


Está mañana a las ocho en punto he llamado. Después de varios intentos he conseguido hablar con una persona que me ha dicho que tenía que hablar con Admisión a partir de las ocho y media y a esa hora he llamado una vez más.


No sé por qué razón la llamada ha sido recepcionada en Medicina Interna y como  es allí donde le tienen que poner la sangre a mi padre, he expuesto la situación. Sin terminar de explicarle, lo primero que me ha dicho la persona que ha cogido el teléfono con un tono de suficiencia inadmisible es que las ambulancias hay que pedirlas con veinticuatro horas, algo que yo, lógicamente, desconozco ni tengo por qué saber, sin contar con qué debería estar prevista.


Me ha pedido el número de historia. No lo tenía a mano y le he preguntado si podría mirarlo con su nombre, algo que le contrariado mucho y ha hecho con un evidente mal humor.


Entiendo que los lunes son malos y más si un pesado llama tan temprano con un problema de su padre anciano que no te va ni te viene, pero su tono no ha hecho más que empeorar hasta el punto de tener que decirle que podría ser un poco más amable y que con  la situación con mi padre y tan temprano, lo último de lo que tenía ganas era de discutir, a lo que me ha contestado textualmente: "no me pagan por ser amable" y ha añadido que demasiado que había buscado la información y no tenía por qué. En vista de su contestación y ya algo alterado le he dicho que debería ser un poco menos desagradable. Directamente me ha colgado el teléfono.


A continuación y desolado por no encontrar solución he seguido llamando a Admisión varias veces y al no obtener respuesta he desistido.


Finalmente he contactado con el servicio de ACCEDAN, empresa dedicada a bajar y subir escaleras a personas dependientes a la que recurrimos habitualmente para que baje y suba los cinco pisos sin ascensor donde viven mis padres y he contactado con un taxi para llegar al hospital.


Solo me gustaría hacer un par de reflexiones. Flaco favor se hace a la Sanidad Pública con comportamientos como estos y, ¿es necesario que nos paguen por ser amables? 




sábado, 31 de agosto de 2024

ANTONIO BELMONTE


Antonio es una de las personas más honestas que conozco y, sin duda, es el tío más espartano y sobrio de toda la gente que me rodea. Desde que le conocí, hace ya mucho porque de casi todo hace ya mucho, decidí que quería parecerme a él y desde entonces no he hecho otra cosa que intentar imitarle. Su discreción, su aparente tranquilidad, su criterio y conocimiento sobre lo que nos rodea, su templanza, su cultura... Él no posturea, es auténtico.

En aquellos primeros momentos de amistad me sorprendía diciéndome que podría vivir en una habitación de hotel solamente con un ordenador y una muda. Para mí, que vivo rodeado de objetos y recuerdos, eso me parecía una excentricidad pero según han ido pasando los años y me he ido haciendo mayor, cada vez le comprendo mejor. Creo que ahora, pasado tanto tiempo, yo también podría vivir con tan poco. O casi... porque llegar a su nivel de austeridad no es fácil. 

La vida le ha dado duro, ha sufrido, pero eso no le ha hecho perder el norte ni mucho menos victimizarse. Junto a  Lucía ha edificado un muro de contención contra la tristeza desde el que, lejos de hacerse compadecer, animan y enseñan a cuantos les queremos a intentar superar la amargura. ¡Cuánto hay que aprender de vosotros, amigo!

Antonio es un ateo convencido, Y apóstata. Sin embargo, tiene un sentido de la espiritualidad y lo trascendente que ya quisieran muchos meapilas de misa diaria. Sabe perfectamente donde está Dios: en la belleza, en el arte, en la naturaleza...y en sus hijos. Pocos padres tan entregados, sensibles y amorosos como él.

Cultiva la amistad con esmero y siempre espera para cuando le necesitas. No tiene que  decirlo. Para mí más que amigo es hermano, alguien incondicional que no pide explicaciones ni da consejos pero siempre ayuda. 

Antonio, este mes has cumplido sesenta, ¡qué barbaridad!, y te deseo toda la felicidad porque la mereces. De mayor quiero ser como tú.


Agosto de 2024











domingo, 19 de mayo de 2024

VÍCTOR MANUEL

Paixarinos que vais cantando decidle a ella... se escuchaba en mi casa desde un disco de la compañía Belter en cuya portada un muchacho taciturno con sandalias y guitarra esbozaba una sonrisa tímida. Yo era muy crío pero a mis hermanas les gustaba mucho y anoche cuando Víctor Manuel, en su concierto en Rivas, empezó a cantar esa frase, sin pensar, se me llenaron los ojos de lágrimas y la congoja se apoderó de mí.

Le he seguido, escuchado y visto infinidad de veces pero la emoción sentida anoche, tal vez porque yo estoy algo blandengue,  no se me va a olvidar. Fue un concierto medido, sentido y austero, a pesar de cantar arropado por una orquesta sinfónica y un coro, los de mi pueblo. Un concierto  sin concesiones a lo "fácil" del que sabe que le sobran tablas y repertorio y se puede permitir el lujo de cantar lo que le dé la gana. Hace cuarenta y tantos años que compuso para su amigo Miguel Ríos "El blues del autobús" y si en ella afirmaba que sabía más por perro que por viejo, ahora, ya viejo, reparte sabiduría y bonhomía desde el escenario de una manera sencilla, nada pretenciosa, en estos tiempos de pedantes imposibles donde todo el mundo opina de todo sin saber de lo que habla. Como si eso fuera fácil.

Escuchar a la sirena pedir al pescador que se vaya con ella al agua me sobrecogió casi tanto como la primera vez que la escuché; volví a sentir cómo si estuviera en aquel Mieres pre reconversión industrial el run run del tren de chapa; a oler, ay amor, la hierbabuena del jardín y la emoción bloqueó mi pecho y rompí a llorar de nuevo con aquella pareja a la que las hormigas le corren eternamente por los pies.

Víctor Manuel es mayor pero tengo la impresión de que sigue siendo aquel corazón tendido al sol que escuchaba de adolescente, esta vez desde un disco mío, que me enseñó que alguien a quien no conoces puede sentir y cantar cosas como si lo hicieras tú. Y ahí sigue, seguimos, teniendo la certeza de dos o tres cosas nada más y echando a andar cada día intentando buscar la paz invencibles de moral.

Gracias, Víctor Manuel, por seguir reivindicando que para la ternura siempre hay tiempo.




miércoles, 8 de mayo de 2024

EL ASCENSOR

Ayer, por fin, después de muchos años, se aprobó en una larga reunión con la que he soñado toda la noche la instalación de un ascensor en la casa donde viven mis padres desde hace más de sesenta años; donde yo nací y me crie. Una casa de barrio, modesta, de aquellas que se hicieron en esos años sesenta del “desarrollismo” y el milagro económico español.

Ha hecho falta que lleguen a los noventa y tantos años cada uno y con serias dificultades de movilidad para que puedan ver la decisión de algunos de sus vecinos de toda la vida. El dichoso ascensor, después de solicitar licencias, créditos bancarios, subvenciones, etc, etc. se empezará a instalar, con suerte, dentro de poco menos de un par de años y ellos sueñan con llegar a poder conocer y usar este aparato que les permita bajar y subir los cinco pisos que les tienen recluidos en esa casa sin poder salir a tomar un poco de sol y de aire. Esa casa que se han negado a abandonar por razones tan nimias como que allí han criado a sus hijos y es donde duermen los recuerdos de toda una vida.

Empatía es una palabra muy de actualidad. Como casi todo lo que se pone de moda se gasta rápido y me hace desconfiar. Tiene un significado precioso pero es muy fácil de pronunciar y se utiliza demasiado a la ligera, me parece a mí. Prefiero palabras como bondad, sentido común, solidaridad, comprensión, respeto, justicia, generosidad…

En fin, bienvenido sea el ascensor que inauguraremos estrellando contra él una botella del mejor champagne francés como si se tratara de un trasatlántico. Nuestro trasatlántico.



viernes, 30 de junio de 2023

TREINTA DE JUNIO

Hoy sería tu cumpleaños. De hecho, lo es. Que no estés, que no te veamos, no significa que te hayas borrado de nuestras vidas. Nada más lejos de la realidad. Cada treinta de junio seguirá siendo, por siempre, el aniversario de tu nacimiento y prefiero acordarme de esta fecha que de una mala mañana de diciembre.

Creo que el día que naciste hacía un calor de infierno y que la comadrona que ayudó a traerte al mundo sudaba mucho y pregonaba que después de la faena se iba a ir a la piscina. Hoy también lo hace, como no podía ser menos en el inicio del verano madrileño. Un calor sofocante que no ayuda a respirar todo lo profundo que sería necesario para que el nudo que tenemos en el pecho se aflojara un poco.

La vida - y la muerte- es imprevisible. A pesar de todo, nadie podría pensar que te irías así, sin avisar, y que nos dejarías con un palmo de narices. Tan pasmados que después de seis meses todavía no nos atrevemos a enfrentarnos con tu partida y nos parece que estemos viviendo un mal sueño. Lo has hecho sin dar guerra y discretamente pero a lo grande, haciendo un mutis que ha dejado una estela digna de algunas de tus heroínas favoritas.

Hay mucha gente que me quiere y me cuida. Elena, Lucía y Olivia, claro; papá, mamá y un montón de buenos amigos pendientes de no dejarme caer. Pero siento que me he quedado sólo y con una sensación de abandono insospechada. Una especie de orfandad que me ha hecho comprender y sentir que, aunque siempre creí que a pesar de nuestras edades el hermano mayor era yo, eras tú quien me dejaba voluntariamente ese puesto de absurda sensatez. Era un invento tuyo para intentar soportar la vida adulta que nunca te gustó. 

Hoy quisiera regalarte otros pendientes y, aunque estoy seguro de que no me ibas a contestar, ¡te preguntaría tantas cosas...! Entonces te reirías de medio lado y encogerías los hombros. 

Ahora que ya estás en el País de Nunca Jamás no me queda más remedio que pelearme conmigo y con tu recuerdo.





jueves, 9 de marzo de 2023

DE MENOS

En días como ayer te echo de menos. Y cuando salta a mi vista o recuerdo algo sobre Agatha Christie, Frida Kahlo, María Montessori, Pearl S. Buck, la reina Hatshepsut, la dama azul de Javier Sierra o todas aquellas que tuvieron que vestirse de hombre para poder desarrollar sus vocaciones, tus preferidas. Estas y muchas más mujeres que conocí gracias a ti y cuando casi nadie hablaba de ellas. 

En realidad te echo, te echamos, de menos a todas horas, en cada momento, permanentemente. Es tanto lo que nos has dejado que me temo que va a ser una condena demasiado larga y dolorosa de cumplir porque el hueco es tan grande como tu humanidad. No hay demasiadas personas tan humanas, en todos los sentidos, como tú.

Y me dirijo a ti porque me consta que me escuchas.

Ya sabes, de lo bueno lo mejor y de lo mejor... lo superior.




sábado, 7 de enero de 2023

JOAN MANUEL SERRAT

Hace unos de días estuve viendo en la televisión el concierto que Joan Manuel Serrat dio en Madrid el mes pasado con motivo de su despedida de los escenarios.

Me gusta Serrat. He escuchado sus discos y hemos ido a multitud de conciertos suyos a los largo de los años pero lo del otro día me pilló desprevenido. Debe ser que estoy algo despistado y no conté con el torrente de imágenes y recuerdos que sus canciones me iban a echar a la cara y al corazón.

Para mí es imposible pensar en Serrat y no ver a mi hermana Marisa. Incluso en su último viaje, como escribió Machado y cantó el mismo Joan Manuel, la acompañamos con Cantares de fondo. Mi infancia y adolescencia, sobre todo en los veranos mediterráneos, van ligados al inconformismo y las protestas continuas de mi hermana con la banda sonora de Tío Alberto, Lucía, Fiesta, Vagabundear, De parto, Campesina, De cartón piedra y tantas otras. Las he cantado tanto... en casa, con Elena, en los viajes, con mis amigos. Hasta en la oficina con Sole, ¿te acuerdas? Soneto a mamá, Romance de Curro el Palmo o las Coplas por la muerte de Don Guido.

Cuando, con casi ochenta años, recordó emocionado a Miguel Hernández y contó su vida por si alguien aún no la conoce, que los hay, o cuando hizo un alegato por la defensa del planeta con esa joya que se llama Pare, pensé en lo afortunado que he sido con que las canciones de este hombre y su forma de entender la vida me hayan acompañado desde siempre y lo sigan haciendo. La música, las canciones, no son solamente eso. 

Y ahora va y se retira. Algo bastante sabio, por cierto. Y ofrece sus últimos conciertos en el mismo fatídico mes en que mi hermana decide irse. Parece que hubiese pensado que sin Serrat la vida no vale la pena. 

En fin... son esas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón. Esas que, como un ladrón, nos acechan detrás de la puerta, nos tienen tan a su merced como a hojas muertas que el viento arrastra allá o aquí, que nos sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.



martes, 28 de junio de 2022

DIANA GARCÍA Y DAVID SERRANO

 

No soy muy de bodas pero la verdad es que esta no es cualquier boda. Hoy es un día muy especial porque se casan Diana y David.

Tengo que agradecer a la vida y a sus padres que me dieran esta sobrina que nunca he sabido muy bien si era eso, mi sobrina, mi hermana pequeña o mi hija mayor. Yo la siento como todas esas cosas y no puedo separar una de otra. El grado de confianza y conexión es tan grande que me parece que no nos hace falta ni hablar para que sepamos de qué pie cojea el otro y lo que está pensando. ¿Qué más decir de ella? Creo que sobran todas las palabras. Quien nos conoce bien sabe lo que nos queremos y lo que siento por ella. Mucho cariño, mucha confianza y mucho agradecimiento por tantísimas cosas.

David. Nada más conocerle supe que era la pareja perfecta para Diana. Lo primero porque es una gran, grandísima, persona. Y así se lo he dicho a ella muchísimas veces. No se puede separar eso de todo lo demás. Se preocupa por los que le rodean de una manera discreta, sin golpes de pecho. Lo sé por propia experiencia. Además creo que como pareja es comprometido, comprensivo y cariñoso. Y sé, me consta, que es un padre excepcional.

Unen, entre los dos, los elementos necesarios para que su vida en común sea bonita, larga y fructífera. Se quieren y se respetan. Nada más es necesario. Bueno sí, algo más. Algo muy importante que se llama María. No digo más.

Hay un poema de Mario Benedetti muy conocido que me gusta mucho y les voy a leer. En él están las claves de lo que creo que no se puede olvidar en un día como este y en una vida en común.

Os quiero mucho.

Carlos San José

24 de junio de 2022

 

Hagamos un trato


Compañera, usted sabe que puede contar conmigo,

no hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo

Si alguna vez advierte que la miro a los ojos

y una veta de amor reconoce en los míos

no alerte sus fusiles, ni piense: ¡qué delirio!

a pesar de la veta, o tal vez porque existe

usted puede contar conmigo

Si otras veces me encuentra huraño, sin motivo,

no piense que es flojera, igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato:

yo quisiera contar con usted

es tan lindo saber que usted existe

uno se siente vivo

Y cuando digo esto, quiero decir contar

aunque sea hasta dos, aunque sea hasta cinco

no ya para que acuda, presurosa en mi auxilio

sino para saber, a ciencia cierta, que usted sabe

que puede contar conmigo.


Mario Benedetti


lunes, 27 de diciembre de 2021

UN MUNDO FELIZ

Hace unos meses una de mis hijas tuvo Covid, afortunadamente sin consecuencias. En aquella ocasión tuvimos un seguimiento permanente toda la familia y automáticamente, sin solicitarla, nos pusieron de baja a todos, ella y los que convivimos con ella. Además, por supuesto, de confinarnos diez días a toda la familia.

Ahora Elena y yo, desde ayer y hoy somos positivos. Estamos bien, aunque como si nos hubiera pasado un camión por encima. 
Después de hacer todas las llamadas y gestiones que indica el protocolo, nos encontramos con que: 

1) No nos hacen PCR. Se da por "bueno" el test de antígenos que cada uno de nosotros, transformado en personal sanitario, nos hemos hecho en nuestra casa.

2) No es necesario que el resto de los convivientes guarden confinamiento. De manera que se puede andar libremente por ahí, eso sí, consumiendo como locos en las grandes superficies y abarrotando los bares, que para eso es Navidad. 

3) Al preguntar por la baja laboral, una pobre trabajadora de la Consejería de Sanidad me indica cómo puede que eso depende del enfermo. Hay algunos que quieren baja y otros que no. Al decirle que justamente hoy comienzan mis días libres que he guardado a lo largo del año, me dice que entonces lo que quiero es no quedarme sin vacaciones. Digo lo de pobre trabajadora porque no encontraba la manera de explicarme semejante disparate. Muy amable me ha dicho que me entendía, cuando le he contestado que no creía que eso dependiera del enfermo y que me figuraba que habría un protocolo y una legislación para ello. Nuevamente, la pobre, me ha explicado que no y que dependía del paciente, que había gente que no quería dejar de trabajar...lo de siempre, los demás unos vagos. 
Las vacaciones me importan un pimiento. Quiero estar bien y que todos, los míos y los que no lo son, también lo estén. Estoy tan perplejo ante la falta de sentido común y de vergüenza, que me he lanzado a contarlo.

Que cada uno juzgue lo que considere.

¿El futuro era esto? Pues vaya mierda, con perdón.

 ¡Somos libres, por fin!



martes, 1 de junio de 2021

OLIVIA SAN JOSÉ ARROYO

Dieciocho. Olivia, mi hija pequeña cumple hoy dieciocho años. Esa niña que no quería hacerse mayor y a la que no le queda más remedio que crecer por mucho que se resista. 

 A los que me conocen ya les he contado muchas veces que cuando Olivia era muy pequeñita, casi recién nacida, nos miraba a su madre y a mí con unos ojos profundos en los que uno indagaba intentando descifrar el enigma de una sabiduría milenaria. Tan inquietante era su mirada que yo le preguntaba de donde había venido. Y así sigue, dando la sensación a quienes la rodeamos de que tiene explicación y respuesta para todo, aunque a veces la fragilidad que esconde celosamente bajo su coraza le juegue malas pasadas y sienta que el mundo se le echa encima. 

 Olivia sabe muy bien lo que quiere o, mejor dicho, sabe lo que no quiere. No quiere transigir con lo que no va con ella, no quiere hacer paripés de esos a los que todos en algunos momentos tenemos que rendirnos, no quiere que nadie tome decisiones que a ella le corresponden… Estrena su mayoría de edad con un carácter y una independencia forjados con los miles de preguntas que se hace cada día y con una personalidad nada complaciente que hará que siempre busque y que no se conforme. Casi nada.

 Aparte de todo eso, Olivia es mi gemela. Se reirá cuando lea esto y dirá: papaaaá… pero sabe que es así. Como sabe lo que pienso, igual que yo sé lo que piensa ella, sin apenas mediar palabra entre nosotros. Es un lazo tejido desde aquel primer día en que la miré a los ojos y me perdí en ese laberinto de conocimiento del que todavía no he salido. 

Mi cómplice, eso es Olivia. Nada más y nada menos. 

 2 de junio de 2021



domingo, 10 de enero de 2021

LA NIEVE

Hace un día radiante. Carlitos, un niño de unos cuatro o cinco años, va cogido de la mano de su madre camino del mercado. Ella, con paciencia infinita, va aguantando el chaparrón de la pataleta del chaval que, como si lo llevaran al practicante, llora desconsolado. ¡Quiero que nieve!, ¡quiero que nieve!, repite una y otra vez. Al niño le encanta la nieve y no entiende que las personas no podamos controlar los fenómenos meteorológicos a nuestro antojo. 

El tal Carlitos era yo. La verdad es que no me acuerdo de aquel episodio si no fuera porque el hijo de la señora Concha, un borrachín simpático con los carrillos colorados que vivía en un primer piso al final de mi calle, me lo recordaba cada vez que me veía, ya mayor. Él estaba asomado a su ventana aquella mañana de mi infancia y fue testigo de mi monumental berrinche que nunca olvidó por la gracia que le hizo. Además, es una historia que mis padres me cuentan cada vez que hay un mínimo indicio de que va a nevar; como la niebla que había el día que nací, recordada invariablemente por mi familia cada cumpleaños. 

No hace falta que diga que ayer cayó en Madrid una nevada de campeonato. Una nevada que nos dejó indefensos ante la naturaleza una vez más. No sé qué necesitamos los seres humanos para aceptar lo pequeños que somos a pesar de nuestra prepotencia. No podemos hacer que nieve a nuestro antojo, como quería Carlitos, pero tampoco podemos evitarlo. Como no pudimos ni podemos evitar que un virus esté campando a sus anchas por el mundo con unas consecuencias devastadoras. Las personitas que habitamos el primer mundo, este mundo globalizado y consumista que cree que puede con todo, perdemos los nervios y nos aterrorizamos al comprobar que a pesar de la multitud de sofisticados medicamentos, productos de higiene y belleza, cremas para todo tipo de pieles, ropa de nieve, esquíes, raquetas, automóviles, televisiones, ordenadores, barómetros, higrómetros, pluviómetros, nivómetros, etc. etc., nuestra vida diaria cambia si la naturaleza o un virus así lo deciden. La solución no se compra inmediatamente en el supermercado; ni siquiera, y a pesar  de preverlo, somos capaces de organizar una serie de medidas que impida que nos quedemos tirados en las carreteras o confinados en nuestras casas. Para eso haría falta un mínimo de sensatez.  Por no hablar de aquellos que se tienen que enfrentar a todo esto viviendo en la calle o sin luz y calefacción, como está ocurriendo en estos días en la Cañada Real Galiana. Nos sobra soberbia y nos falta corazón. 

Como digo, cada vez que nieva en Madrid me narran la historia del caprichoso niño Carlitos. Además, mi padre recuerda un poema que le gusta mucho de un poeta español bastante desconocido, como todos por otra parte, Emilio Carrere. Dice así: 

Temblaba su mano breve 
de blanca y sedeña piel. 
"¡Qué bonita cae la nieve... 
y qué cruel!".







martes, 29 de septiembre de 2020

TREINTA Y DOS PARRAS

El pasado 24 de agosto hizo setenta y seis años que La Nueve, división de ciento cincuenta republicanos españoles, inició la entrada de las tropas aliadas que liberaron la capital francesa de los nazis. Algunos medios de comunicación recordaron la efemérides y hablaron de ello. Pocos, que ellos ya están para “Sálvames” y pseudo-tertulias políticas que son como “Sálvames". Al hilo de eso, mi padre me comentaba: Me da envidia la gente que vio entrar los tanques españoles liberando París. Yo vi a los otros entrando en Madrid.

Luisito cumple hoy noventa años y, si doy la vuelta a los números, me pongo en los casi nueve años, otra vez nueve, que tenía cuando vio pasar por la calle López de Hoyos a las tropas vencedoras junto a su hermano Alfredo, que había ido a buscarle al colegio con un racimo de uvas como cada día. Terminó la guerra y, con ella, perdió un montón de sueños y paraísos que nunca desalojaron su cabeza ni su corazón, como les pasó a muchísimos niños y niñas de esa generación. La generación estafada, que dice él. Nunca más pudo volver a contar las parras, treinta y dos, que escoltaban el camino que conducía a su casa desde la cancela del jardín; nunca más pudo ver cada mañana a su hermano Daniel abriendo el telégrafo de la oficina comunicando por morse con Cibeles; nunca más vio a Alfredo ducharse con una vieja regadera colgada de un árbol; nunca más jugó con Manolo, su amigo del alma, encima de las baldosas amontonadas detrás de la casa; nunca más pudo ondear la bandera del Hogar. Nunca más.

Los años pasaron y, como es un optimista militante, nada ha podido con él ni con su sonrisa. Ni la grisura de sus años de juventud, en un país y una sociedad mojigata, ni las mil peripecias y dificultades que han ido rodeando su vida. Cuando tenía dieciséis años, Maruja, la hermana de su amigo Carlos, le presento a Ale, la chica más guapa y vergonzosa de la calle Mantuano. A él, que era un chulín. Casi nada, Luis San José, con su corbatita y su cuello subido recitando versos a la primera que se pusiera delante. Desde entonces están juntos. Y juntos han vivido tantas cosas como caben en sesenta y cuatro años. Y más. Para dar y regalar. Marisa, Reyes, Carlitos y todo lo que vino después.

Ha tenido mil oficios y todos los ha hecho con alegría. Chico de tienda en “La favorita”, desde donde llevaba las camisas hechas a medida al Teatro María Guerrero, una premonición, a Don Huberto Pérez de la Osa, su director en los cuarenta; fundidor junto a su hermano, todavía recuerda con precisión cada paso de las cajas, la arena de albero y el crisol; las tiendas… ¡ay, las tiendas! Cómo trabajó, disfrutó y sufrió a partes iguales. Nadie atendió nunca mejor que él a las clientas -digo a las clientas porque a una tienda de ropa de niños y mercería, en aquellos años, no entraban más que mujeres-, ni puso escaparates tan bonitos como los suyos. Pero la vida es perra y la generosidad de mi padre no casa bien con el comercio, para el que hay que ser un poco fenicio. Después, Copiadux, la tele, figuración en “La señora García se confiesa”, otra premonición, y tantas otras… él, que podría haber sido un grandísimo actor, ¡hasta binguero! Sabe muy bien, mejor que nadie, que ser trabajador es una actitud ante la vida, que uno trabaja desde que pone un pie en el suelo al levantarse por la mañana.

Es un orgullo ser su hijo pero, sobre todo, una suerte. No ha sido un padre al uso como no ha sido un hombre al uso. Creo sinceramente que ha mejorado a cada persona que se ha cruzado en su camino. O, por lo menos, le ha hecho la vida más agradable.  Pero esa actitud de beberse la vida y disfrutar cada día de las pequeñas cosas, porque sabe que son las que importan, no le impide llamar al pan, pan y al vino, vino; no le impide cabrearse ante las injusticias; no le impide decir lo que piensa; no le impide ser la persona más joven, más honesta y con una de las mentes más claras que he conocido.

Sabe y nos ha enseñado tanto… Siempre al día, pendiente de lo que pasa en el mundo e indignado por eso mismo.

Podría estar escribiendo días enteros y nunca conseguiría contar todo lo que es Luisito, Luis, mi padre. La familia, los amigos y cualquiera que le conozca, lo sabe. Hoy cumple noventa años y somos unos afortunados por tener la suerte de poder seguir  escuchándole, aprendiendo de su sabiduría, su cultura y su sentido del humor. Y tiene cuerda para rato porque nos ha confesado que ha firmado un contrato hasta los cien y, como está hecho con muy buenos materiales, piensa cumplirlo.

Y encima, a los noventa, te has reinventado como cocinero. No paras de sorprenderme papá.

 

29 de septiembre de 2020