Se cree que el veintitrés de abril de 1616 coincidieron las muertes de Miguel de Cervantes y de William Shakespeare, nada más y nada menos, y por esta la razón se celebra desde hace años el Día del Libro. Además es San Jorge, Sant Jordi en Catalunya, día de la rosa y el libro, muy celebrado en esa tierra.
Agradezco a la vida haber tenido la suerte de crecer entre libros. No fui un buen estudiante pero sin embargo desde muy pequeño curioseaba todos los libros que me encontraba por casa, sin distinción por edad ni temática, así que además de lo que discretamente he leído a lo largo de mi vida -marca que siempre se puede mejorar - tengo interiorizados autores, títulos e imágenes que de no haber tenido al alcance de mi mano a lo mejor ni siquiera conocería.
En estos días de reencontrarme conmigo mismo y con la casa donde nací, recuerdo, recupero y guardo como oro en paño joyas que me han hecho como soy. No puedo explicar la emoción que siento al toparme con libros que hacía años que no veía y que ni siquiera recordaba.
Uno de ellos entre los muchos de los que podría hablar pero que simboliza muy bien esos ratos muertos de un niño pasando páginas y viendo fotografías de países lejanos, lugares increíbles y monumentos desconocidos actuales y de la antigüedad, es Las maravillas del mundo. Con él, seguramente en una tarde calurosa de verano sin móvil ni internet, supe por primera vez que existía una estatua gigante de una mujer con una antorcha en una mano y una corona de pinchos en la cabeza a las que la gente accedía en ascensor y se asomaba por unas ventanas; un gran Buda japonés de setecientos años; el legendario y fantástico Coloso de Rodas con las piernas separadas para que los barcos pasasen entre ellas; una Torre Eiffel tan resplandeciente en una de las fotografías que a mí me parecía de oro; las cataratas Victoria y, por encima de todas esas fantasías, una imagen a dos páginas del Monte Rushmore, una montaña en Dakota del Sur con las gigantescas caras de cuatro de los presidentes de Estados Unidos esculpidas en ella que a mí me impresionaba tanto que me hacía volver a verla una y otra vez. Luego me enteré que muchos años después la comunidad india comenzó la talla del monumento al legendario jefe indio Caballo Loco muy cerca del Monte Rushmore para reivindicar la tan maltratada cultura indígena norteamericana y que aún hoy no se ha concluido.
Lugares que ni remotamente soñaba con que se podían conocer.
Es importante celebrar el Día del Libro pero sobre todo es importante que todos los niños y niñas sepan que hay muchas maneras de viajar y tengan acceso a la cultura, la información, al arte, el conocimiento y la belleza. Nos hacen mejores.





