El grito sosegado
miércoles, 8 de abril de 2026
SOÑAR
martes, 20 de enero de 2026
LA CHICA DE IPANEMA
Todos los que nos conocéis sabéis lo que ha significado mi madre. Junto a mi padre han formado una pareja poco común durante muchísimos años y hemos tenido mucha suerte de tenerlos. Nunca fueron unos padres al uso ni han sido unos abuelos al uso.
Ha sido una persona bondadosa y discreta que ha pasado por la vida de una manera elegante. Una vida nada fácil llena de complicaciones, empezando por la experiencia de conocer una guerra entre hermanos y en el caso de su familia no es solo una frase hecha. Una guerra en la que se quedó sin padre con cuatro años. Después un internado, trabajar desde muy jovencita para ayudar a su familia, tener que enfrentarse con veintitantos años a la discapacidad y enfermedades de una hija en una época nada fácil para ello, vencer a un cáncer, perder dos hijas... y para colmo, un maldito infarto cerebral que ha conseguido ganar la partida y se la ha llevado.
Afortunadamente, en el otro lado de la balanza, ha conocido el amor, ha querido y ha sido muy querida. Ha tenido muchos momentos de felicidad y ha llegado al final valorando lo bueno de la vida.
Solo puedo estar agradecido por haber podido tenerla como madre. He aprendido solo con mirarla que hay que enfrentar las cosas con valentía, sin alardes y ser lo mejor posible.
Adiós mamá, la chica más guapa de la playa. Reparte besos a todos por allí arriba. Te queremos mucho.
20 de enero de 2026
sábado, 19 de julio de 2025
LOS NÚMEROS
No soy de números; ni me gustan ni los entiendo. Seguramente mi cabeza dispersa y soñadora no pasa por lo exacto y la perfección de las cifras. A pesar de ello, llevo meses dando vueltas a las coincidencias numéricas que me acompañan este año.
Elena y yo cumplimos sesenta años y no sé ni explicar lo que supone pensar en haber llegado a esta edad en la que uno esperaba ser alguien, desde luego, diferente a lo que soy. Ni mejor ni peor... ¿menos ingenuo, más sabio...?
Además del sesenta cumpleaños de Elena, en agosto terminaremos de pagar una eterna hipoteca de treinta años. Larga aunque lo suficientemente cómoda como para que no haya terminado ahogándonos en el camino. Si así no hubiera sido no habríamos hipotecado nuestra vida para poder tener un techo bajo el que vivir, ese gran engaño de nuestros días.
Poco después, en octubre, hará treinta años -otra vez treinta- que me casé con aquella chica de pelo rizado y gafas redondas que no se parecía a nadie más que a ella misma. En estos años ha habido de todo pero no se me ocurre una compañera de vida mejor a pesar de lo diferentes que somos o precisamente por ello. Y así seguimos.
Nos reuniremos los supervivientes de aquel evento y algunas nuevas incorporaciones. Brindaremos por los que ya no están y celebraremos la vida.
Y por si fuera poco es el primer verano que pasamos sin ti, papá. No tengo que explicar lo que esto significa. Santa Pola, como la Venecia de Charles Aznavour, que callada quietud, que tristeza sin fin... no será igual. Y ahí voy, leyendo tus libros, viendo tus fotos, vistiendo tus camisas y usando tu maquinilla de afeitar.
19 de julio de 2025
lunes, 21 de abril de 2025
FECHAS
Aunque no soy nada aficionado a conmemorar fechas llevo un par de días dándole vueltas a la llegada del día veintiuno. Hoy hace cuatro meses que te fuiste aunque no nos hayas dejado y estés en cada momento y cada detalle de nuestra vida diaria. Tan grande es tu sombra, papá.
El año de la pandemia cumpliste
noventa esplendidos años y aunque nos hubiera gustado hacer una celebración de
tu vida no nos fue posible debido a que el maldito virus no nos permitió
reunirnos. Así que optamos por pedir a la gente cercana, familiares y amigos
que grabaran un vídeo en el que te enviaran un mensaje.
La respuesta fue espectacular y
emocionante. Todo el mundo te expresó de una forma tan bonita, tan bonita, y
con tal cariño lo que significabas para ellos que ahora cobra una dimensión aún
mayor.
Como siempre fuiste agradecido
y muy bien educado quisiste corresponder y, de la misma manera, te grabamos y
enviamos las imágenes a cada una de esas personas.
Hace unos días, por casualidad,
revisando el teléfono encontré ese vídeo. No es raro porque apareces sin
buscarte por cualquier parte. Aunque me sobrecoge verte en movimiento y
escuchar tu voz, creo que es una buena manera de agradecer en tu nombre todas las
muestras de afecto y respeto que hemos recibido y seguimos recibiendo desde
aquel veintiuno de diciembre ya que en él expresas lo importante que era para
ti el recuerdo que dejarías en nosotros, los que nos hemos quedado.
Ahí estás papá, tan vivo como
siempre. Un beso muy grande.
lunes, 10 de marzo de 2025
El doctor García
Hola papa,
te escribo porque creo que es la
mejor manera de contarte algunas cosas que siento desde tu partida. Tengo la
sensación de tener una herida que supura lentamente, poco a poco, sin hacer
costra. Una herida que me permite vivir pero que no deja de molestar y de hacer
daño.
Este fin de semana mamá y yo nos
hemos visto de una sentada la serie de televisión Los pacientes del doctor García. Está basada en una novela de
Almudena Grandes con el mismo título y todavía no sé cómo se nos habían pasado
hasta ahora. Libro y serie. Y es que es todo tan tuyo, tan nuestro…
Te hubiera encantado a pesar de que en más de una ocasión te habríamos escuchado decir “a estos actores de ahora no se les entiende nada”. Desde el principio nos sentamos y casi no nos pudimos levantar hasta el final. Detrás de cada personaje hay una persona de la que nos has hablado, de cada situación un recuerdo y de cada conclusión la triste realidad. Parece que hubieses dictado algunas de las frases de los diálogos.
Aunque es una emocionante historia
de espías también lo es de ideales y de derrotas, de amistad y de traición, de
verdad y de mentiras… De malos y de buenos.
Los que te queremos no hemos
dejado un momento de tenerte con nosotros pero viendo esta historia, mamá y yo nos hemos mirado sin necesidad de hablar porque no hemos podido evitar
acordarnos de tu claridad mental, de tu bondad y tu honradez. De tu memoria y
tu lucidez que nunca olvidaron una guerra y una posguerra infames. Tantas veces
te he escuchado hablar y contarnos qué pasó después, como muchos españoles
habían ayudado a derrotar a los nazis y como los aliados dejaron a su suerte a
este país tan raro y tan necesitado de sensatez.
Llega la transición, en la que te
vi claramente en el protagonista, y la historia termina con el regreso de la
Argentina, treinta años después de haber “emigrado”, de su amigo del alma que,
para colmo, se llama Manolo. Tú ya sabes, papá. No necesito contarte más.
Hay heridas que no cierran pero
de vez en cuando un poquito de antibiótico ayuda a que la infección no se
extienda. En esta ocasión, esa penicilina me la ha dado el doctor García. Creo
que te habría gustado mucho conocerle.
Un abrazo muy fuerte, papá.
Cuídate mucho.
miércoles, 8 de enero de 2025
El luto
Ha pasado poco tiempo y la casa está vacía. Un silencio ensordecedor nos recuerda a cada segundo lo que se le echa de menos.
En el hospital todo se detiene. No existen la prisa, la mañana ni la noche. Sólo la calma chicha de quien espera no se sabe qué. Ahora todo es más complicado. Ya conocemos la resolución al enigma y no nos gusta. Por contrario, los días pasan deprisa y nos parece mentira que el tiempo avance como si nada hubiera pasado y seamos capaces de seguir viviendo con su ausencia. Un mal sueño del que vamos a despertar en cualquier momento para ir a abrazarle y decirle lo agradecidos que estamos por haberle conocido y tenido cerca.
Pocos días después de la muerte de mi padre, mi madre nos dijo que quería comprar un jersey negro para vestirse de luto. No somos personas muy tradicionales en ese sentido y nunca lo ha hecho en situaciones parecidas anteriores, así que le hice saber mi extrañeza. Su contestación austera, rotunda y sencilla, como ella misma, me ha hecho pensar durante días. Me dijo literalmente: “papá era mucho papá” y no he encontrado una manera mejor de explicar lo que estamos sintiendo.
lunes, 9 de diciembre de 2024
La amabilidad
Reclamación puesta en atención al paciente del Hospital de La Princesa el 9 de diciembre de 2024.
Mi padre, con noventa y cuatro años y una fractura de cadera, tiene hoy en el Hospital de La Princesa de Madrid una radiografía a las 12'15 h. y una consulta con el traumatólogo a las 13 h. Además, aprovechando la visita al hospital, le van a transfundir sangre porque tiene anemia.
Cuando hace quince días le mandaron a casa para guardar el reposo necesario para soldar la cadera me dijeron que hoy, día de la revisión, una ambulancia nos llevaría al hospital. Por olvido o por despiste, algo absolutamente justificable, nadie me dijo que hubiese que solicitar dicha ambulancia.
No obstante y para que no hubiera problemas y ya que el viernes fue fiesta, ayer domingo intenté preguntar si esa ambulancia estaba solicitada. Después de numerosas llamadas a diferentes servicios hablé con la coordinadora de SUMA que me comunicó que no estaba solicitada y que debía llamar al propio hospital, cómo ya había hecho varias veces. Llamé de nuevo y me dijeron que al ser domingo llamase hoy a la ocho.
Está mañana a las ocho en punto he llamado. Después de varios intentos he conseguido hablar con una persona que me ha dicho que tenía que hablar con Admisión a partir de las ocho y media y a esa hora he llamado una vez más.
No sé por qué razón la llamada ha sido recepcionada en Medicina Interna y como es allí donde le tienen que poner la sangre a mi padre, he expuesto la situación. Sin terminar de explicarle, lo primero que me ha dicho la persona que ha cogido el teléfono con un tono de suficiencia inadmisible es que las ambulancias hay que pedirlas con veinticuatro horas, algo que yo, lógicamente, desconozco ni tengo por qué saber, sin contar con qué debería estar prevista.
Me ha pedido el número de historia. No lo tenía a mano y le he preguntado si podría mirarlo con su nombre, algo que le contrariado mucho y ha hecho con un evidente mal humor.
Entiendo que los lunes son malos y más si un pesado llama tan temprano con un problema de su padre anciano que no te va ni te viene, pero su tono no ha hecho más que empeorar hasta el punto de tener que decirle que podría ser un poco más amable y que con la situación con mi padre y tan temprano, lo último de lo que tenía ganas era de discutir, a lo que me ha contestado textualmente: "no me pagan por ser amable" y ha añadido que demasiado que había buscado la información y no tenía por qué. En vista de su contestación y ya algo alterado le he dicho que debería ser un poco menos desagradable. Directamente me ha colgado el teléfono.
A continuación y desolado por no encontrar solución he seguido llamando a Admisión varias veces y al no obtener respuesta he desistido.
Finalmente he contactado con el servicio de ACCEDAN, empresa dedicada a bajar y subir escaleras a personas dependientes a la que recurrimos habitualmente para que baje y suba los cinco pisos sin ascensor donde viven mis padres y he contactado con un taxi para llegar al hospital.
Solo me gustaría hacer un par de reflexiones. Flaco favor se hace a la Sanidad Pública con comportamientos como estos y, ¿es necesario que nos paguen por ser amables?





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